¿Alguna vez te has mirado al espejo y sentido que tu cuerpo «no está bien»? ¿Has escuchado frases como «qué linda estás, se te ve más flaca» y, sin querer, las has naturalizado como cumplidos? ¿Te has preguntado por qué para vaciones, la ansiedad por «llegar a la playa» se multiplica?
Vivimos en una cultura que nos bombardea constantemente con mensajes sobre cómo «deberían» ser nuestros cuerpos. Y lo más complejo de todo esto es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de cuánto nos afectan estos mandatos.
Hoy vamos a hablar de diversidad corporal: qué significa realmente, por qué nos cuesta tanto aceptarla (tanto en nosotros como en los demás) y, sobre todo, cómo podemos empezar a construir una relación más sana y compasiva con nuestro propio cuerpo.
Porque, spoiler: tu cuerpo no necesita ser «arreglado». Pero sí necesitamos, como sociedad, cambiar la forma en que lo miramos.
¿Qué es la diversidad corporal?
Cuando hablamos de diversidad corporal, nos referimos al reconocimiento y valoración de todas las diferencias que caracterizan a los cuerpos humanos: tamaños, formas, colores, alturas, capacidades, edades, orientaciones sexuales e identidades de género (Callsen & Saidel, 2023).
Suena lógico, ¿verdad? Los cuerpos son diversos. Siempre lo han sido. Pero la realidad es que aunque sepamos que la diversidad existe, la sociedad en la que vivimos promueve formas estandarizadas de pensar los cuerpos (Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, 2021).
Y esos estándares son muy específicos: delgado, joven, blanco, sin «imperfecciones» visibles. Todo lo que se aleje de ese ideal, cuerpos gordos, cuerpos con discapacidad, cuerpos racializados, cuerpos trans, cuerpos con estrías, celulitis o cualquier marca, es sistemáticamente señalado, invisibilizado o, directamente, discriminado.
El cuerpo como construcción social
Aquí viene un punto clave: el cuerpo no es solo algo biológico; también es una construcción social. Esto significa que nacemos en una determinada familia, en una determinada sociedad y en un determinado momento histórico, y todo eso condiciona la forma en que vemos nuestro propio cuerpo y el de los demás (Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, 2021).
Lo que hoy consideramos «bello» no siempre fue así. Lo que hoy se considera «saludable» tampoco. Estas nociones cambian, se transforman, responden a intereses económicos, culturales y políticos. El problema es que nos hacen creer que son verdades universales e inmutables.
Y cuando internalizamos esos mandatos, empezamos a juzgarnos a nosotros mismos, y a los demás, con esa vara imposible.
Gordofobia: cuando la discriminación corporal tiene nombre
Si bien la diversidad corporal abarca múltiples corporalidades, hay una forma de discriminación que se ha vuelto especialmente visible y documentada en los últimos años: la gordofobia.
La gordofobia es el fenómeno social y cultural que refiere al odio, rechazo y violencia que sufren las personas por el hecho de ser gordas (Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, 2021). No es «preocupación por la salud» ni «buenas intenciones». Es discriminación. Y está presente en todos los ámbitos de la vida.
Según datos de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires (2025), 9 de cada 10 personas encuestadas recibieron y/o presenciaron señalamientos, comentarios o burlas sobre su cuerpo o el de otra persona. Y 8 de cada 10 los recibió en primera persona.
Algunos ejemplos concretos de gordofobia:
- Comentarios como «tienes que bajar de peso, lo digo por tu salud»
- Miradas incómodas en el transporte público
- Dificultad para conseguir ropa de tu talle
- Burlas o chistes sobre el peso
- Señalamientos constantes sobre tus prácticas alimentarias o deportivas
- Consultas médicas en las que el descenso de peso aparece como la solución a cualquier problema de salud, sin importar cuál sea el motivo de consulta
Brenda Mato, impulsora de la Ley de Talles e integrante del Colectivo Gordes Activistas de Argentina, lo resume con claridad: «Lo que nos sucede a las personas gordas es que todo el tiempo nos recuerdan que somos gordas, como si no tuviéramos espejo, como si no tuviéramos nuestra propia percepción» (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025, p. 7).
La gordofobia afecta más a las mujeres
La discriminación corporal es transversal, pero no afecta a todos por igual. Los datos muestran que este tipo de comentarios discriminatorios están dirigidos principalmente al género femenino (91,7%), aunque provienen tanto de mujeres cis como de varones cis en forma similar (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025).
Sobre los cuerpos femeninos históricamente han pesado mandatos estéticos mucho más rígidos y exigentes. La presión por ser «bella», entendiendo belleza como sinónimo de delgadez, se vuelve una forma de control y de violencia sobre las mujeres.
Los estereotipos corporales: ¿de dónde vienen y por qué nos afectan tanto?
Los estereotipos corporales hegemónicos no surgieron de la nada. Son promovidos sistemáticamente por los medios de comunicación, la industria de la moda, la industria alimenticia y, en muchos casos, hasta por profesionales de la salud (Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, 2021).
Pensá en esto: ¿cuántas veces has visto en una publicidad de ropa un cuerpo gordo? ¿Cuántas veces has visto en una serie o película a una persona gorda que no sea el personaje cómico, el mejor amigo gracioso o la víctima de bullying? ¿Cuántos médicos has conocido que aborden la salud sin poner el foco exclusivo en el peso?
La respuesta, probablemente, sea: pocas veces. O ninguna.
Redes sociales: el espejo distorsionado
Si bien los medios tradicionales tienen una enorme responsabilidad, las redes sociales han intensificado exponencialmente la presión sobre los cuerpos. Según el informe de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires (2025), las redes sociales son el principal ámbito donde se observan señalamientos discriminatorios hacia los cuerpos (63,4% de forma habitual).
Filtros que modifican la cara, aplicaciones para «adelgazar» la cintura, publicidades de dietas milagrosas, influencers que venden productos detox… Todo contribuye a construir una imagen irreal de lo que es —y debería ser— un cuerpo humano.
Brenda Mato lo explica así: «Los medios tienen muchísima responsabilidad con las cosas que pensamos, que creemos, que reproducimos… haber crecido viendo medios que constantemente muestran solo un tipo de cuerpo, solo una única forma de poder ser, la idea que te crea es que los cuerpos como los tuyos no existen y no son posibles» (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025, p. 9).
Afectaciones sociales: cómo la discriminación corporal nos marca la vida
Ahora bien, ¿qué pasa cuando vivimos en una sociedad que constantemente nos dice que nuestro cuerpo «está mal»?
El impacto emocional y psicológico
Los datos son contundentes: 6 de cada 10 personas encuestadas reconocen que los comentarios sobre su cuerpo afectaron su autoestima. Esta proporción aumenta en los grupos etarios más jóvenes y es significativamente mayor en mujeres cis y otras identidades (7 de cada 10) que en varones cis (4 de cada 10) (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025).
Pero el impacto va mucho más allá de «sentirse mal». Algunos testimonios recogidos en el informe de la Defensoría ilustran con claridad la gravedad del asunto:
«Desde la adolescencia no me sacaba el delantal de la escuela para no ponerme ‘ropa de gorda’. En la actualidad estoy todo el tiempo pensando en que no se me vea gorda. Hago cualquier tipo de dieta aunque tenga contraindicaciones» (mujer cis, 56 años).
«Constantemente pero sobre todo en mi adolescencia, llegando a autolesiones y autoagresiones como rasguñarme piernas y panza, sentir que constantemente deberías ser otra persona y que cuando eso no sale es porque no lo estás intentando lo suficiente» (mujer cis, 25 años).
Estos relatos no son excepciones. Son la norma para millones de personas que crecen sintiendo que su cuerpo es un problema a resolver.
Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)
La presión constante por alcanzar un ideal corporal inalcanzable tiene consecuencias directas sobre la salud mental y física. Una de las más graves: los Trastornos de la Conducta Alimentaria.
Anorexia, bulimia, trastorno por atracón, ortorexia… Todos estos diagnósticos tienen un denominador común: una relación profundamente dañada con el propio cuerpo y con la alimentación, alimentada (nunca mejor dicho) por una cultura que asocia el valor personal con la delgadez.
Un testimonio recogido en el informe lo expresa con crudeza: «Toda la vida fui flaca, y desde muy chiquita me exijo demasiado (y más con mi cuerpo), desde que tengo memoria tengo problemas alimenticios, si no es anorexia, es bulimia (por suerte nunca terminé hospitalizada, no llegué a un extremo muy alto), y aún sigo exigiéndome mucho con respecto a mi cuerpo, porque no soy tan flaca como yo quiero —pesando aproximadamente 41 kg» (mujer cis, 16 años) (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025, p. 14).
La «cultura de las dietas»
Otro dato alarmante: 6 de cada 10 mujeres cis y otras identidades inician dietas sin prescripción médica de forma habitual o frecuente (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025).
Esto habla de algo que Laura Contrera, autora e integrante del Colectivo Gordes Activistas de Argentina, denomina la «cultura de la dieta»: un sistema de creencias que venera la delgadez, demoniza ciertos cuerpos y prácticas alimentarias, y promete salud, éxito y felicidad a través del control corporal (Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, 2021).
El problema con las dietas restrictivas sin acompañamiento profesional es que no solo suelen fracasar a largo plazo, sino que además pueden generar un ciclo de restricción-atracón que deteriora la relación con la comida y aumenta el riesgo de desarrollar TCA.
Discriminación en el acceso a la salud
Pero quizás una de las violencias más graves —y menos visibilizadas— es la que ocurre en el sistema de salud.
Actualmente, la medicina tradicional sigue trabajando con modelos de cuerpos «universales» basados en promedios estadísticos que no contemplan la diversidad real de los cuerpos (Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, 2021).
Esto ha dado lugar a lo que se conoce como pesocentrismo: un enfoque que considera al peso corporal como el indicador principal (o único) de salud, y en el cual el descenso de peso aparece como primera medida terapéutica para cualquier dolencia que presente una persona gorda.
Laura Contrera lo explica claramente: «El cuerpo gordo es un cuerpo mirado desde una perspectiva fuertemente medicalizada y patologizada… A veces se construyen socialmente estados patológicos y que en realidad lo que encubren es una mirada despectiva sobre ciertos cuerpos, sobre ciertas condiciones, sobre ciertos estados» (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025, p. 8).
Esta mirada sesgada tiene consecuencias concretas: diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados, disuasión para buscar atención médica y, en definitiva, un deterioro en la salud de las personas que no responden al estándar corporal esperado.
Por qué es importante respetar la diversidad corporal
Llegados a este punto, tal vez te estés preguntando: ¿y qué podemos hacer con todo esto?
La respuesta tiene muchas capas, pero empieza por algo fundamental: reconocer que la diversidad corporal existe, es legítima y debe ser respetada.
Hacia una sociedad que respete la diversidad corporal
Cambiar una cultura tan arraigada no es tarea sencilla, pero hay señales alentadoras. En Argentina, por ejemplo, existen leyes que promueven la diversidad corporal y nos protegen de la discriminación:
- Ley de Educación Sexual Integral (Ley N° 26.150): enseña en las escuelas aspectos relacionados al cuidado del cuerpo desde la perspectiva de la diversidad corporal y pone en evidencia lo perjudiciales que son los estereotipos culturales de belleza.
- Ley de Prevención de Trastornos Alimentarios (Ley N° 26.396): incorpora la necesidad de pensar los abordajes integrales, sociales y de salud física y mental.
- Ley de Talles (Ley N° 27.521): implica la adopción obligatoria de un sistema de talles elaborado en base al estudio antropométrico de la población argentina. Además, considera un acto discriminatorio cualquier práctica abusiva, vejatoria o estigmatizante referida al aspecto físico en los establecimientos de venta de indumentaria.
Sin embargo, como señala la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires (2025), es igualmente importante que el Estado regule y haga efectivas dichas leyes, así como también el rol de la sociedad civil en pos del cambio cultural.
En Colombia aún falta legislación específica sobre diversidad corporal, pero existen marcos normativos generales antidiscriminación que podrían aplicarse. Estos son:
- Ley 1482 de 2011 (modificada por Ley 1752 de 2015) – Ley Antidiscriminación: Esta es la principal ley colombiana contra la discriminación. Aunque no menciona explícitamente la diversidad corporal o la gordofobia, sí establece protección contra actos discriminatorios por diversas razones.
- Artículo 1° (modificado 2015): «Esta ley tiene por objeto sancionar penalmente actos de discriminación por razones de raza, etnia, religión, nacionalidad, ideología política o filosófica, sexo u orientación sexual, discapacidad y demás razones de discriminación.»
Medios de comunicación y representación
Brenda Mato lo resume perfectamente: «Haber crecido viendo medios que constantemente muestran solo un tipo de cuerpo, solo una única forma de poder ser, la idea que te crea es que los cuerpos como los tuyos no existen y no son posibles» (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025, p. 9).
Necesitamos repertorios culturales que muestren la diversidad corporal. Series, películas, publicidades, redes sociales donde las personas gordas —y todos los cuerpos diversos— sean tratadas de forma positiva, compleja, humana. No como el chiste, no como la víctima, no como el «antes» de una transformación milagrosa.
Cuando los medios representan la diversidad real de los cuerpos, contribuyen al reconocimiento y valoración de la diferencia. Y eso cambia vidas.
Amor propio: herramientas para mejorar la relación con tu cuerpo
Ahora bien, todo esto está muy bien a nivel macro. Pero, ¿qué pasa coontigo? ¿Qué puedes hacer hoy, en tu vida cotidiana, para empezar a construir una relación más sana con tu cuerpo?
1. Revisá tus propios prejuicios
El primer paso es honesto y a veces incómodo: reconocer que todos hemos internalizado, en mayor o menor medida, estos mandatos sobre los cuerpos.
Preguntate:
- ¿Qué pienso cuando veo un cuerpo gordo?
- ¿Qué emociones me genera mi propio cuerpo cuando me miro al espejo?
- ¿Qué comentarios hago sobre mi cuerpo o el de otros?
- ¿Cómo me sentiría si dejara de intentar cambiar mi cuerpo?
No se trata de juzgarte, sino de tomar conciencia. La gordofobia y la discriminación corporal no son «culpa» individual; son estructuras sociales. Pero sí podemos responsabilizarnos de no seguir reproduciéndolas.
2. Cuestioná la cultura de las dietas
Si estás considerando hacer una dieta, preguntate:
- ¿Tengo indicación médica para bajar de peso?
- ¿Hago controles médicos periódicos donde se evalúe mi salud de forma integral?
- ¿Esta dieta es sostenible a largo plazo?
- ¿Me está generando ansiedad, culpa o restricción extrema?
Según el informe de la Defensoría (2025), la mitad de las personas encuestadas considera que debería bajar de peso, pero una proporción significativa de este grupo no cuenta con una indicación médica para hacerlo y, en muchos casos, ni siquiera realiza controles médicos periódicos.
Bajar de peso no es sinónimo de estar más sano/a. La salud es multidimensional y no puede reducirse a un número en la balanza.
3. Trabajá la neutralidad corporal (antes que el amor)
El discurso del «amor propio» está muy bien, pero a veces puede ser abrumador. No todos los días vas a amar tu cuerpo. Y está bien.
Quizás un enfoque más realista sea el de la neutralidad corporal: no necesariamente tienes que amar tu cuerpo todos los días, pero puedes intentar respetarlo, agradecerle lo que hace por ti y no castigarlo.
Puedes empezar con prácticas simples:
- Dejar de pesarte compulsivamente
- No hacer comentarios negativos sobre tu cuerpo (ni siquiera «en chiste»)
- Vestirte con ropa que te quede cómoda y te guste, sin importar el talle
- Moverte de formas que te hagan sentir bien, no como castigo
4. Buscá espacios seguros y comunidad
A veces, lo más sanador es encontrar espacios donde tu cuerpo no sea constantemente señalado. Redes de apoyo, grupos de activismo gordo, profesionales de la salud con perspectiva de diversidad corporal, cuentas en redes sociales que promuevan la aceptación corporal.
Laura Contrera señala: «Con las niñeces tenemos que poder tener conversaciones que por ahí a nosotras, las personas adultas, todavía nos resultan incómodas que son las que tienen que ver con la diversidad… Es importante no negar la diversidad corporal, sino darle un lugar y sacarla del lado de la vergüenza» (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 2025, p. 11).
Esta reflexión aplica también para nosotros, adultos. Necesitamos espacios donde hablar de estos temas sin vergüenza, sin juicio, con honestidad.
5. Considerá acompañamiento profesional
Si sientes que tu relación con tu cuerpo o con la comida está afectando significativamente tu vida, busca ayuda profesional. Psicólogos/as especializados en imagen corporal, nutricionistas con enfoque no restrictivo, grupos terapéuticos.
El trabajo terapéutico puede ayudarte a:
- Identificar de dónde vienen tus creencias sobre tu cuerpo
- Deconstruir mandatos internalizados
- Desarrollar herramientas de regulación emocional
- Construir una relación más compasiva contigo mismo/a
Aceptando la diversidad: un camino colectivo e individual
Volvamos al principio. ¿Qué es la diversidad corporal? Es el reconocimiento de que los cuerpos humanos son infinitamente diversos. Siempre lo han sido. Y eso no solo está bien, sino que es inevitable y valioso.
Pero vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a tenerle miedo a esa diversidad. Una sociedad que nos ha hecho creer que solo hay un tipo de cuerpo válido, sano, bello, deseable.
Y eso nos hace daño a todos. A quienes tienen cuerpos gordos, porque viven discriminación constante. A quienes tienen cuerpos delgados, porque viven con el terror de engordar. A todos, porque nos impide habitar nuestros cuerpos con libertad y plenitud.
Aceptar la diversidad corporal no significa «promover la obesidad» ni «no cuidarse». Significa:
- Reconocer que la salud es multidimensional y no puede reducirse al peso
- Entender que los cuerpos cambian a lo largo de la vida y eso es normal
- Dejar de usar el peso como indicador moral de una persona
- Promover el acceso a la salud sin discriminación
- Cuestionar los estereotipos de belleza que nos limitan
- Construir una cultura donde todos los cuerpos puedan existir sin violencia
Como señala el informe de la Defensoría (2025): «Hablar de diversidad corporal no sólo es necesario, sino también urgente para construir una sociedad libre de violencias y discriminación» (p. 15).
Tu cuerpo no es el problema
Si algo queremos que te lleves de este artículo es esto: tu cuerpo no es el problema. Nunca lo ha sido.
El problema es una cultura que nos enseñó a mirarlo con desprecio, con exigencia, con vergüenza. Una cultura que nos hizo creer que nuestro valor como personas depende de cuánto pesamos, de qué talle usamos, de si tenemos celulitis o estrías.
Pero eso es mentira. Tu valor no depende de tu cuerpo. Tu cuerpo no necesita ser «arreglado» para que merezcas respeto, amor, oportunidades, dignidad.
Cambiar esta cultura es un trabajo colectivo, largo, complejo. Requiere leyes, políticas públicas, educación, medios responsables. Pero también requiere que cada uno de nosotros, en lo micro, en lo cotidiano, empecemos a cuestionar esos mandatos.
A dejar de hacer comentarios sobre el cuerpo de otros. A no usar «gorda» como insulto. A no felicitar a alguien por haber bajado de peso sin saber su historia. A buscar ayuda cuando la relación con nuestro cuerpo nos genera sufrimiento.
Tu cuerpo es tu casa. Es el único que vas a tener toda la vida. Y merece ser habitado con respeto, con compasión, con gratitud. No con violencia, no con castigo, no con odio.
Así que la próxima vez que te mires al espejo y escuches esa voz crítica que te dice que algo está mal, recordá: no hay nada mal en tu cuerpo. Lo que está mal es un sistema que te hizo creer eso.
Y ese sistema se puede cambiar. De a poco, con esfuerzo, con conversaciones incómodas, con valentía.
Empezando por ti, por hoy, por ahora.
Referencias
- Callsen, B., & Saidel, P. (Eds.). (2023). Cuerpos diversos. Estéticas de diversidad corporal en España y América Latina en los siglos XX y XXI. tranvía Verlag Walter Frey.
- Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires. (2025). Hablemos de diversidad corporal [Informe]. https://www.defensorba.org.ar
- Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires. (2021). Diversidad corporal y gordofobia [Cuadernillo 2]. Subsecretaría de Políticas de Géneros y Diversidad Sexual.





